viernes, 3 de junio de 2011

Los «taxis VIP», a escena

La Conselleria de Infraestructuras y los taxistas han mantenido un duro pulso esta semana por la ampliación de licencias para vehículos de transporte con conductor. La primera habla de necesidad y los segundos denuncian competencia desleal, pero los afectados discrepan de ambos. «Ni quitamos trabajo a nadie ni queremos que nos lo quiten a nosotros»JOSÉ PARRILLA VALENCIA ­El lunes saltó a las mesas de redacción un comunicado del sector del taxi (2.800 en Valencia y 4.800 en toda la Comunitat) anunciando movilizaciones por la decisión de la Conselleria de Infraestructuras y Transportes de aumentar de 161 a 384 el número de licencias para vehículos de transporte con conductor (VTC), también denominados taxis VIP. La presión fue tal que la consellería ha congelado la medida y ha abierto una mesa de negociación con los taxistas, que ya protestaron airadamente por el mismo motivo cuando se aprobó la Ley Omnibus del Gobierno.
Para ellos es una cuestión vital, pero el conjunto de la opinión pública, desconocedora del mundo del lujo y la opulencia, se pregunta qué son los VTC, quién los contrata, si son realmente una competencia para los taxis o si hacen falta nuevas licencias.
Antonio Blanco, propietario de Merche Coches de Lujo y presidente de la Asociación Valenciana de Empresas de Alquiler con Conductor, tiene las respuestas. En su sede de Albal guarda una veintena de vehículos dedicados a este trabajo. La mitad aproximadamente son vehículos históricos (Rolls Royce, Bentley, Buick o Pierce Arrow) y limusinas dedicados a ceremonias, pero el resto son coches de alta gama (mercedes 500, BMW 645 o Mercedes Vito) enfocados al transporte de ejecutivos, deportistas, artistas o gente de gran poder adquisitivo. Y estos son los que están en la picota.
Según cuenta, sus clientes suelen salir de las ferias, los congresos, las grandes compañías o los eventos deportivos. La copa del América, La Fórmula 1 o el Open 500 de Tenis han sido grandes dinamizadores del negocio, asegura. «Nosotros recogemos a los ejecutivos en el aeropuerto, o llevamos a un artista a un estreno, o trasladamos a un grupo de empresarios a Madrid o simplemente servimos a personas de alto poder adquisitivo que quieren un nivel alto, pero pasando desapercibidas», comenta.

Sobre la competencia desleal
Por ejemplo, mandar un coche al aeropuerto cuesta 60 euros, alquilarlo por dos horas cuesta 120, un día entero vale entre 300 y 350 y un viaje a Madrid lo mismo, «precios que no todo el mundo se puede permitir, pero que tampoco son caros», explica Antonio. En su opinión, se trata de un mercado muy específico, claramente de lujo, que no es competencia para los taxistas. Por ejemplo, «estos coches no van dando vueltas por la calle; todos sus trabajos se hacen previo contrato, llamada telefónica o correo electrónico; están perfectamente identificados con las letras SP; son de una gama muy alta y no utilizan el carril bus».
Además, para operar legalmente hay que tener un mínimo de 10 licencias y un local abierto, lo que limita mucho el número de empresas. De hecho, en la asociación sólo hay seis y fuera de ella apenas hay 1 que cumpla todos los requisitos.
«Quienes tenemos un grave problema de competencia desleal somos nosotros», dice Antonio Blanco, quien asegura que hay varias empresas que consiguen licencias VTC sin cumplir los requisitos y les quitan trabajo a ellos y a los taxistas.
«Estas empresas hacen entierros por 25 o 30 euros, o servicios al aeropuerto por 30 o 35. Basta con comprarse un par de coches buenos y ponerse a trabajar. Ahora hay uno que se ha comprado una limusina Hummer y está funcionando con total normalidad», explica. Se trata, en definitiva, de una oferta diferente para una demanda diferente. «La gente que tiene dinero no quiere otra cosa», dice.

Incorporar más firmas es «descabellado»
Como casi todos los sectores de la economía española, los VTC o taxis VIP no escapan a la crisis. Antonio Blanco asegura que su actividad ha caído un 50%, lo que significa que la ampliación de licencias para incorporar nuevas empresas y vehículos es una idea «descabellada».
Desde luego, la iniciativa de la Conselleria de Infraestructuras y Transportes les ha cogido por sorpresa. Nadie les había comunicado nada. Y sólo hay un motivo por el que pueden haberla planteado, opina. «Cuando salieron las últimas 12 licencias el año pasado las cogimos rápidamente, y es posible que nosotros mismos trasladáramos la sensación de que había que ampliar la cuota», explica. «Puede ser un malentendido», precisa. De todas formas, la asociación ya ha comunicado a la Gremial del Taxi, que hará de improvisado portavoz en las próximas negociaciones, que su postura es contraria a la ampliación, al menos de momento, mientras dura la crisis. «El negocio está muy mal —dice— y las empresas que estamos ahora mismo en el mercado cubrimos perfectamente la demanda. Lo lógico es que el trabajo que hay nos lo repartamos las empresas que ya estamos trabajando. Ampliar la oferta supondría repartir más la faena y más crisis para todos nosotros», comenta.
Ocurre además, que la ampliación puede atraer a empresas de fuera de la Comunitat Valenciana que luego «se llevarían» esas licencias a Madrid, Barcelona o cualquier otra ciudad, dice Antonio Blanco hablando en sentido figurado. j. p. valencia